La expedición ‘Un río, cuatro países’, enmarcada en una iniciativa de conservación que involucra a Colombia, Perú, Ecuador y Brasil, soltó las amarras para surcar, durante 15 días seguidos, las aguas del río Putumayo. El objetivo: contar los delfines del río Putumayo y determinar el estado en el que se encuentran las especies en nuestra región.

El barco Anaconda, propiedad de Corpoamazonia, tiene 15 tripulantes a bordo y le esperan 2.000 kilómetros de travesía por el río Putumayo. El viaje tiene un solo objetivo: hacer un seguimiento minucioso de las poblaciones de delfines del río Putumayo y recoger información que permita entender su estado actual de conservación en la región. Las cifras demuestran que se trata de una apuesta grande: un río, 10 científicos, cuatro países y tan sólo 15 días para lograrlo.

La expedición hace parte de una iniciativa regional que hace más de 10 años busca promover la conservación de delfines de río de Suramérica, y en la que participan la Fundación Omacha, WWF y diferentes socios y aliados en varios países de la región. Esta, es nada menos que la expedición número 26, pero es la primera en la que se recorreran cuatro países en un solo trayecto.

Es martes 4 de abril, en el muelle La Esperanza en Puerto Asis, Putumayo, la temperatura alcanza los 30 0C. Son apenas las 8:00 am pero el sol atravieza el cielo nublado y ya calienta la piel. El muelle está movido hoy, hay barcos grandes y los lugareños están pendientes de las mercancías y las noticias que llegan. En medio del bullicio, los científicos abordan el Anaconda. Rápidamente acomodan su equipaje en cuatro cuartos, los demás cuelgan las hamacas en el planchon, y se distribuyen por el barco como quien conoce bien una rutina. La mayoría, lleva décadas estudiando a los delfines de río, no hay principiantes.

“Vamos a recorrer un enorme trecho por el río Putumayo contando dos especies de delfines y evaluando las amenazas que hay en estos ecosistemas acuáticos como deforestación, sobrepesca, pesca accidental, contaminación del agua por minería o extracción de petróleo”, cuenta Fernando Trujillo, director de la Fundación Omacha y líder de la expedición, mientras revisa que todo marche bien a bordo.

Pero, ¿por qué tanto interés en estas especies? ¿Por qué embarcarse en un viaje como estos que podría parecer una empresa tan difícil? La respuesta es más sencilla de lo que parece: los delfines de río son bioindicadores de la salud o integridad ecológica de los ecosistemas que habita, son como una especie de termómetro de todo aquello que les rodea: si el delfín está mal, no se trata solamente de la salud del individuo diagnosticado, sino un indicador de que algo anda mal a su alrededor.

Esta expedición es posible gracias a una poderosa alianza entre WWF y la Fundación Omacha, con el apoyo de Corpoamazonía, el Sinchi (Instituto de Investigaciones Amazónicas de Colombia) y la IUCN (International Union for Conservation of Nature), el Instituto Acualie de Brasil, la Fundación Ecuador Mundo Ecológico, Solinia de Perú y la Fundación Neotropical Cuencas de Arauca.

Equipo de científicos y equipo de trabajo © WWF-Colombia
© WWF-Colombia

El rey del río tiene aletas

En el mundo hay siete especies de delfines de río distribuidas en los ríos de Asia y Suramérica. Las dos especies de delfines que habitan en esta región, son el delfín rosado (Inia geoffrensis) y el delfín gris (Sotalia fluviatilis), y los investigadores esperan encontrar buenas poblaciones. Ambas especies se encuentran en Colombia en estado Vulnerable.

“En la medida en que se establecen esas alianzas y se construyen las redes de cooperación y trabajo, se pueden llevar a cabo este tipo de expediciones en las que evaluamos su situación actual, cubriendo un segmento muy importante del bioma amazónico”, manifiesta Enrique Crespo, investigador y coordinador del Grupo especializado de cetáceos de la IUCN, mientras observa el río, cuyas aguas apenas están empezando a subir.

En Ecuador también habitan las dos especies de delfines que se están monitoreando en la expedición. Esta es la segunda expedición de Michelle Vela, 25 años, bióloga quiteña de la Fundación Ecuador Mundo Ecológico, y quien no puede evitar su emoción: “Esta nueva experiencia es apasionante. Ha sido un gran aprendizaje en el sentido científico, personal y moral. Seguir aprendiendo de la biología de los delfines, sobre puntos de referencia, absorbiendo conocimientos e intercambiando opiniones con todos los especialistas del equipo es muy enriquecedor. Quiero proyectar este programa en mi país”, asegura.

Han sido meses de preparación y mientras el Anaconda avanza por el río Putumayo, las expectativas crecen. No será un viaje fácil y todos los saben. La travesía apenas comienza.

Con información de: www.enbuscadeldelfinderio.com

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