O continente Sulamericano é o maior detentor de espécies de golfinhos fluviais de todo o mundo. Esses animais que se encontram no ápice dos ecossistemas aquáticos, desempenham um papel fundamental para o equilíbrio do mesmo. Conhecer a história de vida dos mesmos é fundamental para a tomada de medidas efetivas de conservação. Sua dependência total do ambiente aquático nos traz uma preocupação ainda maior: a de conhecer e proteger também o seu hábitat.

O Instituto Amares vem realizando levantamentos sobre aspectos biológicos e pressões antrópicas que ameaçam espécies de golfinhos do gênero Inia no Brasil.
Com o apoio do Instituto Mamirauá, Fundación OMACHA, Whitley – Fund for Nature e WWF – Colômbia, a abundância do boto-do-Araguaia (Inia araguaiaensis) foi estimada ao longo do rio Tocantins e informações acerca dos conflitos que envolvem a espécie e a atividade pesqueira vem sendo levantadas desde 2007.

O boto-do-Araguaia é fortemente ameaçado pela fragmentação do seu hábitat com a construção de usinas hidrelétricas, além de interações com a pesca artesanal e esportiva. Conhecer os números populacionais e levantar informações sobre as pressões antrópicas existentes, nos permite avaliar o grau de ameaça e propor medidas de mitigação dos impactos à espécie.

Outra iniciativa que envolve a conservação de golfinhos fluviais está a avaliação da contaminação por compostos organoclorados do golfinho-da-Amazônia (Inia geoffrensis) realizada através da parceria entre o Instituto Amares com o Laboratório de Evolução e Genética Animal, da Universidade Federal do Amazonas (LEGAL/UFAM), a Universidade Federal do Maranhão (UFMA) e o Laboratório de Compostos Orgânicos em Ecossistemas Costeiros e Marinhos (OrganoMAR) da Universidade Federal de Pernambuco (UFPE).

A espécie que é amplamente distribuída por países como o Brasil, Colômbia, Venezuela, Peru e Equador, é susceptível à contaminação devido ao potencial tóxico bioacumulador e biomagnificador desses compostos na cadeia trófica. Apesar de atualmente proibido, o Brasil possui histórico indiscriminado do uso de DDTs no combate à malária em campanhas de saúde pública, especialmente na região Amazônica.

En Suramérica habitan la mayor cantidad de especies de delfines de rio de todo el mundo. Estos animales que se encuentran en el ápice de los ecosistemas acuáticos, desempeñan un papel fundamental para el equilibrio del mismo. Conocer la historia de vida de estos animales es fundamental para la toma de medidas efectivas de conservación. Su dependencia total del ambiente acuático nos trae una preocupación todavía mayor; la de conocer y proteger también su hábitat.

El Instituto Amares viene generando información sobre los aspectos biológicos y presiones antrópicas que amenazan especies de delfines del genero Inia en Brasil.
Con el apoyo del Instituto Mamirauá, Fundación Omacha, Whitley – Found for Nature e WWF – Colombia, la abundancia del boto del Araguaia (Inia araguaiaensis) fue estimada a largo del rio Tocantins en el año 2014. Además, desde el 2007 la información relacionada con conflictos de la especie y la actividad pesquera se viene registrando.

El boto del Araguaia está fuertemente amenazado por la fragmentación de su hábitat, con la construcción de centrales hidroeléctricas, además de interacciones con la pesca artesanal y deportiva. Conocer los números poblacionales y generar información sobre las presiones antrópicas existentes, permite avalar el grado de amenaza y proponer medidas para mitigar los impactos a la especie.

Otra iniciativa que envuelve la conservación de los delfines de río se basa en la evaluación de la contaminación por compuestos organoclorados en los delfines de la especie Inia geoffrensis, realizada a través de un acuerdo entre el Instituto Amares, el Laboratorio de Evolución y Genética Animal de la Universidad Federal de Amazonas (LEGAL/UFAM), la Universidad Federal de Maranhão (UFMA) y el Laboratorio de Compuestos Orgánicos en Ecosistemas Costeros y Marinos (OrganoMAR) de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE).

La especie, que está ampliamente distribuida en países como Brasil, Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador, es susceptible a la contaminación debido al potencial tóxico bioacumulador y biomagnificador de los compuestos en la cadena trófica. A pesar de estar actualmente prohibido, Brasil posee un histórico indiscriminado en el uso de DDTs para la lucha contra la malaria en campañas de salud pública, especialmente en la región amazónica.